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lunes, 21 de marzo de 2011

El valor del Jesed (Misericordia)



Un grupo de estudiante salieron un día a dar un paseo con un maestro a quien los alumnos consideraban su amigo, debido a la bondad que mostraba para quienes seguían sus instrucciones.

Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado, que estaba por terminar sus labores diarias.

Uno de los alumnos dijo al profesor:

- Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos, para ver su cara cuando no los encuentre.

- Mi querido amigo – dijo el profesor --, nunca tenemos que divertirnos a expensas de los pobres. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Coloca una moneda en cada zapato, y luego nos ocultamos para ver cómo reacciona cuando las encuentre

Eso hizo el alumno y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos. El hombre pobre terminó sus tareas y cruzó el terreno en busca de sus zapatos y su abrigo.

Después de ponerse el abrigo deslizó el pie en el zapato, pero al sentir algo adentro se agachó para ver qué era y encontró la moneda. Pasmado, se preguntó qué podía haber pasado. Observó la moneda, le dio vuelta y volvió a mirarla.

Luego miró a su alrededor, para todos loados, pero no se veía a nadie. La guardó en el bolsillo y se puso el otro zapato; su sorpresa fue doble al encontrar otra moneda.

Sus sentimientos lo sobrecogieron; levantó la vista al cielo pronunciando un ferviente agradecimiento en voz alta, hablando de su esposa enferma y sin ayuda, y de sus hijos que no tenían pan y que, gracias a una mano desconocida, no morirían de hambre.

El estudiante quedó profundamente afectado y se le llenaron los ojos de lágrimas.

- Ahora – dijo el profesor --, ¿no estás más complacido que si le hubieras hecho una broma?

>El joven respondió:

- Usted me ha dado una lección que jamás olvidaré. Ahora comprendo algo que antes no entendía: es mejor dar que recibir

Aprendemos de esta historia, que aquel que hace el bien desinteresadamente sin pensar en el elogio o la recompensa, al final de cuentas tendrá ambas cosas.